“Doctor, se me olvidan las cosas”…

Hoy en día todo el mundo tiene asumido que con la edad disminuye la capacidad de la memoria. Estos déficit pueden llegar a provocar olvidos cotidianos (nombres de personas, colocación de un objeto en casa,…) en un 30-50% de las personas mayores de 65 años. En estos casos se dice que una persona tiene “Pérdida o alteración de la memoria asociada a la edad”.

Esta disminución no es igual en todas las personas. La enfermedad de Alzheimer es el doble de frecuente en mujeres que en hombres. Estudios llevados a cabo recientemente demuestran que hasta dos tercios de las personas con Alzheimer son mujeres. Frecuentemente, ellas pueden convertirse en cuidadoras de pacientes con Alzheimer, pero también son las que con más frecuencia pueden desarrollar la enfermedad. La mayor longevidad de las mujeres es una de las razones principales que explican esta gran diferencia.

La diferencia más notable entre los cerebros de las mujeres y los hombres es que el cerebro masculino tiene un volumen mayor: aproximadamente un 10% más. Pero, a pesar de ello, los hombres presentan una mayor velocidad de pérdida de volumen cerebral con la edad.

¿Cómo detectarlo?

Existen una serie de signos que pueden hacernos sospechar el inicio del deterioro cognitivo:

  • Problemas de memoria: recordar citas, conversaciones, sucesos recientes, ubicación de objetos.
  • Despistes en lugares no habituales.
  • Dificultad para conducir en situaciones complicadas.
  • Desorientación en tiempo, desconocimiento de fechas principalmente u olvido de fechas significativas (cumpleaños, aniversarios).
  • Errores de cálculo aritmético y faltas de ortografía en la escritura, que previamente no habían sucedido.
  • Dificultad para encontrar la palabra adecuada y reiteraciones. Dificultad en mantener una conversación con varios interlocutores.
  • Cambios del carácter y del humor sin causa aparente. Comportamiento pasivo, ausente, apático, irritable, desconfiado o inadecuado.
  • Trastornos del sueño con cierta excitación nocturna y somnolencia diurna.
  • Disminución en la habilidad para ejecutar tareas cotidianas laborales o domésticas, y por tanto, descenso del rendimiento y eficacia en todos los aspectos, pero principalmente a nivel intelectual.
  • Dificultad para solucionar correctamente problemas de difícil resolución, planear viajes, adecuar gastos; aprender a manejar nuevos instrumentos.
  • Dificultad para realizar tareas que exijan pasos sucesivos y coordinados.
  • Aparición de síntomas conductuales o psíquicos: ansiedad, depresión, delirios, trastornos de la sensopercepción, deambulaciones, irritabilidad, agresividad, etc.

 

Carmen Terron

Especialista en Alzheimer y Otras Demencias

INEAMAD

Hospital Nuestra Señora del Rosario

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