Pascua del Enfermo: “Es tan importante el diagnóstico y el tratamiento como el trato humano”

dolores cabanas post

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El Hospital mantiene un programa de escucha activa con los enfermos aislados por covid-19

Además de una plantilla profesional de primer nivel, unas instalaciones modernas y un equipamiento tecnológico de última generación, el Hospital Nuestra Señora del Rosario, que gestiona la Congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, promueve la Humanización de la Salud. Un principio al que se viene consagrando el centro y su personal desde hace más de 125 años y que cobra especial trascendencia este 9 de mayo, Pascua del Enfermo.

Una de las actuaciones que sirven para hacer realidad ese trato cercano, humano, a los pacientes, es la de la Escucha activa. Gracias a este empeño y esfuerzo por humanizar la asistencia sanitaria, ponemos en valor la dignidad y la singularidad de cada persona ingresada, a la que prestamos una atención individualizada. Como se recuerda desde la dirección del Hospital: “Solo desde una escucha activa, empática, atenta y sincera podremos ofrecer al paciente un espacio de apoyo, una relación terapéutica y unos cuidados necesarios en momentos difíciles, en una situación de enfermedad aguda, crónica, paliativa o de proximidad de la muerte”.

Dedicación a los enfermos de covid-19

Con motivo de la pandemia de coronavirus, que padecemos desde hace más de un año, el personal voluntario, que acompaña habitualmente a los pacientes para darle consuelo y fuerzas en los difíciles momentos de la enfermedad, se ha centrado mayormente en las personas ingresadas por covid-19, obligadas, por razones obvias, a permanecer aisladas en las habitaciones.

Entre las voluntarias que desarrollan su actividad de forma desinteresada, que contactan telefónicamente con los enfermos para que no se sientan solos, está Dolores Cabañas González, catedrática emérita de Historia Medieval de la Universidad de Alcalá de Henares. Ella explica cómo es su actividad, cómo han sido estos meses y qué representa para ella y para los pacientes la labor que lleva a cabo. Sus palabras hablan por la totalidad de las voluntarias.

¿Ha cambiado el perfil de los enfermos en estos meses?

Desde el comienzo de la pandemia tuvimos que interrumpir el acompañamiento de enfermos de forma presencial. Desde ese momento los responsables de la Pastoral de la Salud del Hospital nos plantearon a las voluntarias la posibilidad de continuar el acompañamiento telefónicamente, y eso es lo que hemos hecho durante este último año. El perfil de los enfermos es diferente, pues estamos centradas en los contagiados por coronavirus.

¿Han variado las preocupaciones de los pacientes o son las mismas?

La preocupación fundamental de los pacientes es el miedo a una enfermedad que es desconocida y que les produce una enorme inseguridad en relación a la evolución de su recuperación. Acusan también el aislamiento y les agobia la situación de sus familiares.

¿Sobre qué temas prefieren hablar?

Suelen hablar siempre de su estado de salud, señalando su mejoría o retroceso. Les gusta exteriorizar sus temores, hablar de su soledad, de la ilusión de volver a casa y retomar su vida junto a los suyos. La familia y los amigos han pasado a ser lo más importante en su escala de valores y, por tanto, de conversación.

Valoran enormemente una atención que no es médica pero que busca mejorar su estado de ánimo y su tristeza, y suelen expresarlo.

¿Qué piden de la voluntaria? ¿Qué se les transmite?

Yo me presento siempre como voluntaria del Hospital y agradecen la compañía desinteresada. Les alivia mucho saber que hay personas preocupadas por ellos, por sus sentimientos; sentir que no son solo un número de expediente médico, sino que se les valora como seres humanos que están viviendo una situación difícil. Procuro transmitirles confianza y esperanza, hablándoles en positivo de los aspectos que más les agobian.

¿Es importante la fe en esos momentos de soledad, de desazón, de temor?

He podido comprobar cómo muchos enfermos declaran abiertamente que pueden soportar lo que están viviendo gracias a su fe, y que confían su futuro a la voluntad de Dios. Muchos me han pedido que rece por ellos. A mí me conmociona y emociona oír estas declaraciones.

¿Qué ha supuesto personalmente dedicar este tiempo a hablar con desconocidos?

En el momento que en inicias una conversación la persona que tienes al otro lado del teléfono deja de ser un desconocido y notas que se establece una corriente de simpatía y complicidad. Me produce una gran alegría notar que dedicar un poco de mi tiempo produce tanto bien a personas que están deseosas de atención. Soy yo la que más gano en el acompañamiento.

¿Qué enseñanzas se extraen de estas conversaciones?

Me he reafirmado en mi creencia de la importancia de la fe, con todo lo que implica, y en la tranquilidad con que te permite enfrentarte a la muerte.

He comprobado la importancia de la Humanización de la Salud. Mi padre fue un gran médico y nos enseñó a mis hermanos, que siguieron su profesión, y a mí, que elegí una ocupación totalmente alejada de la sanidad, que era tan importante el diagnóstico y el tratamiento médicos como el trato humano que se brindaba al enfermo. Ahora puedo decir que esa afirmación es absolutamente cierta.

En las conversaciones mantenidas los pacientes resaltan la buenísima atención médica de los profesionales del Hospital pero, especialmente, el exquisito trato humano que reciben de todos. El personal de recepción, de enfermería y auxiliar puede sentirse satisfecho.

¿Ha habido también contacto también con los familiares?

Es importante también el acompañamiento a los familiares. En algunos casos me ha respondido al teléfono algún familiar que podía acompañar al enfermo por diferentes circunstancias. He comprobado la angustia con la que viven la situación y el bien que les ha hecho poder evadirse un rato al hablar con alguien.

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