La cistectomía radical es una de las cirugías más complejas dentro de la Urología Oncológica. Se realiza en determinados casos de cáncer de vejiga y no solo implica extirparla, sino también reconstruir una nueva vía urinaria para que el paciente pueda seguir eliminando la orina.
“Esto supone que sea una intervención de alta complejidad, ya que en la misma operación es necesario trabajar sobre diferentes zonas del cuerpo. Por un lado, se extirpa la vejiga, y, por otro, se utiliza un segmento de intestino para crear esa nueva vía urinaria. Eso implica efectuar una sección intestinal, posteriormente reconstruir el tránsito intestinal para que el intestino siga funcionando con normalidad y, además, unir los uréteres —los conductos que llevan la orina desde los riñones— a ese segmento. Es, por tanto, una cirugía muy exigente que requiere precisión, experiencia y una planificación minuciosa”, explica el Dr. Leopoldo Cogorno Wasylkowski, especialista de la Unidad de Urología del Dr. Castillón, que ha participado como cirujano principal en la primera cistectomía radical asistida por robot que se hace en el Hospital Universitario Nuestra Señora del Rosario.
“Es un paso importante en el desarrollo de nuestro programa de cirugía robótica”, afirma el experto, que contó en quirófano con la colaboración de la Dra. Ana Sánchez Ramírez.
Una ayuda inestimable
Según el Dr. Cogorno, en este contexto, la cirugía robótica supone una gran ayuda: “El robot no actúa por sí solo, sino que es una herramienta que el cirujano maneja en todo momento y que permite trabajar con una visión ampliada en tres dimensiones y con una gran precisión, especialmente en zonas anatómicas profundas y delicadas. Todo ello puede favorecer una recuperación más controlada y una cirugía más precisa, siempre dentro de un entorno de máxima seguridad”.
Trabajo en equipo
Además del componente técnico, este tipo de procedimientos requiere un importante trabajo en equipo, con la participación coordinada de anestesia, enfermería, instrumentación y cuidados postoperatorios especializados. En el caso del paciente intervenido, su evolución fue favorable y fue dado de alta a los 7 días de la cirugía.
“Más allá de la tecnología, el objetivo siempre es el mismo: ofrecer al paciente una atención segura, precisa y humana en un momento especialmente delicado”, concluye el urólogo.

