La acidez o ardor de estómago es una molestia muy frecuente durante el embarazo. Sobre los tan molestos ardores estomacales habla la Dra. Maricruz González Álvarez, ginecóloga, obstetra y responsable de la Unidad de Diagnóstico Prenatal del Hospital Universitario Nuestra Señora del Rosario.

Este fenómeno se produce porque los ácidos del estómago pueden ascender hacia el esófago, provocando sensación de quemazón en el pecho o la garganta. Las hormonas del embarazo, especialmente la progesterona, relajan la válvula que separa el esófago del estómago, facilitando ese reflujo. Además, a medida que el útero crece, aumenta la presión sobre el abdomen y el estómago, favoreciendo todavía más la aparición de los síntomas. Por tanto, la acidez durante el embarazo suele deberse a una combinación de cambios hormonales y mecánicos.

La acidez puede aparecer en cualquier momento del embarazo, aunque es más habitual a partir del segundo trimestre y suele hacerse más frecuente en el tercer trimestre. En las primeras semanas predominan más las náuseas y los vómitos, mientras que conforme el bebé crece y el útero ocupa más espacio, aumenta la presión sobre el aparato digestivo. No obstante, cada mujer es diferente y algunas pueden experimentar síntomas desde etapas más tempranas. La intensidad también varía mucho entre embarazadas.

Se considera una molestia normal del embarazo y no suele indicar ningún problema para la madre ni para el bebé. De hecho, se estima que afecta a un porcentaje elevado de embarazadas, especialmente durante los últimos meses de gestación. Algunas mujeres presentan episodios ocasionales, mientras que otras pueden notar síntomas casi a diario. Aunque suele ser una situación benigna, es importante comentarla con el profesional sanitario si es muy intensa, interfiere con la alimentación o altera significativamente el descanso.

Algunas medidas sencillas pueden ayudar a reducir las molestias. Es recomendable realizar comidas más pequeñas y frecuentes en lugar de grandes cantidades de una sola vez. También conviene comer despacio y evitar acostarse inmediatamente después de las comidas. Mantener una buena hidratación y cenar con suficiente antelación antes de ir a dormir suele ser útil. Los alimentos generalmente mejor tolerados incluyen verduras, frutas no ácidas, arroz, pasta, pan, carnes magras y pescado. Cada mujer puede identificar además qué alimentos le sientan mejor o peor.

Aunque la tolerancia es individual, algunos alimentos tienden a favorecer el reflujo y la acidez con más frecuencia. Entre ellos se encuentran las comidas muy grasas o fritas, los alimentos muy picantes, los cítricos, el tomate y sus derivados, el chocolate, el café y algunas bebidas con gas. También las comidas abundantes pueden empeorar los síntomas. Lo más recomendable es observar qué alimentos desencadenan las molestias en cada caso y limitar su consumo, sin necesidad de hacer restricciones innecesarias.

Sí, existen medicamentos que pueden utilizarse durante el embarazo cuando las medidas dietéticas y de estilo de vida no son suficientes. Los más empleados son ciertos antiácidos que neutralizan el ácido del estómago y alivian los síntomas. En algunos casos el médico puede recomendar otros tratamientos específicos. Sin embargo, es importante evitar la automedicación y consultar siempre con el profesional sanitario que controla el embarazo, ya que no todos los productos son adecuados durante la gestación.

Por último, la ginecóloga recuerda que no existe relación entre acide y cantidad de pelo del bebé. Se trata de una creencia muy extendida, pero que carece de toda evidencia científica.