Para muchas mujeres, el verano coincide con una etapa especialmente ilusionante de sus vidas: el embarazo. Sin embargo, las altas temperaturas, los cambios en las rutinas y las vacaciones pueden provocar que algunas molestias propias de la gestación sean más evidentes. La buena noticia es que, con unas sencillas medidas, es posible disfrutar plenamente del verano mientras se cuida la salud de la madre y del bebé. La Dra. Maricruz González Álvarez, ginecóloga y obstetra y responsable de la Unidad de Diagnóstico Prenatal del Hospital Universitario Nuestra Señora del Rosario, ofrece esta serie de consejos prácticos y fáciles de ejecutar:
- Hidratación. Es, sin duda, la recomendación más importante. Durante el embarazo aumenta la necesidad de líquidos y el calor favorece una mayor pérdida de agua a través del sudor. Beber agua con frecuencia, incluso antes de sentir sed, ayuda a prevenir mareos, cansancio, dolor de cabeza y sensación de agotamiento. Llevar siempre una botella de agua y aprovechar frutas ricas en agua, como la sandía, el melón o los melocotones, facilita una hidratación adecuada.
- Alimentación. El verano invita a consumir comidas más ligeras y frescas. Las ensaladas, verduras, frutas, legumbres y pescados son opciones saludables y fáciles de digerir. No obstante, conviene no descuidar las recomendaciones habituales de seguridad alimentaria durante el embarazo. Es importante lavar bien frutas y verduras, evitar alimentos crudos o insuficientemente cocinados y conservar los alimentos refrigerados para reducir el riesgo de infecciones alimentarias.
- Infecciones urinarias. Son relativamente frecuentes durante la gestación y el calor puede favorecer su aparición si existe deshidratación. Para prevenirlas se aconseja beber suficiente agua, no retrasar las visitas al baño y mantener una correcta higiene íntima. Asimismo, es recomendable evitar permanecer mucho tiempo con ropa de baño mojada, especialmente después de salir de la piscina o del mar.
- Baños en playa y piscina. En general, salvo que exista alguna contraindicación médica específica, es una actividad segura y muy recomendable. El agua proporciona una agradable sensación de ligereza, ayuda a aliviar la presión sobre las piernas y la espalda y favorece el ejercicio suave. Además, nadar es una de las actividades físicas más completas y mejor toleradas durante el embarazo.
- Protección solar. Durante la gestación aumenta la sensibilidad de la piel y existe una mayor predisposición a desarrollar manchas oscuras, especialmente en el rostro. Por ello, se recomienda usar fotoprotectores de alta protección, reaplicarlos con frecuencia y evitar la exposición solar durante las horas centrales del día. Un sombrero de ala ancha y unas gafas de sol completan la protección.
- Ropa. Las prendas amplias, ligeras y confeccionadas con tejidos naturales y transpirables, como el algodón o el lino, ayudan a mantener una temperatura corporal agradable y contribuyen al bienestar diario. El calzado cómodo y estable es igualmente importante, especialmente cuando aparecen la hinchazón de los pies y los tobillos, algo frecuente en los últimos meses del embarazo.
- Sueño. Dormir bien durante el embarazo ya puede resultar difícil debido a los cambios físicos y hormonales, y las temperaturas elevadas no ayudan. Mantener la habitación fresca, ventilar durante las horas más frescas del día, utilizar ropa de cama ligera y procurar acostarse bien hidratada puede favorecer un descanso más reparador.
“Conviene recordar que cada embarazo es diferente. Escuchar al propio cuerpo, respetar los momentos de descanso y consultar con el profesional sanitario ante cualquier duda son siempre las mejores recomendaciones. Con una buena hidratación, una alimentación equilibrada, protección frente al sol y hábitos saludables, el verano puede convertirse en una oportunidad perfecta para disfrutar de esta etapa única con tranquilidad, salud y bienestar”, concluye la Dra. González Álvarez.
