El 11 de febrero celebramos el Día Mundial del Enfermo

La soledad ha alcanzado tales dimensiones en la sociedad actual que se habla de ella como de la epidemia del siglo XXI. Una de cada tres personas dice sentirse sola en Occidente. Solo en España, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), existen 4,7 millones de hogares unipersonales. Además, dos millones de personas de más de 65 años viven solas, así como 850.00 mayores de 80 años, muchas de ellas con problemas de movilidad. Frente a quienes lo hacen por decisión personal, muchas viven aisladas, sin protección e invisibles para la sociedad. Si, además, sumamos la soledad de quienes están ingresados en los hospitales o la de las familias con miembros con una enfermedad mental grave, por ejemplo, descubrimos lo acuciante de reflexionar para buscar el modo de aliviarla.

Esto justifica que en este 2020 la Jornada Mundial del Enfermo, que en España se celebra los días 11 de febrero (Día del Enfermo) y 17 de mayo (Pascua del Enfermo), tenga por lema “Acompañar en la soledad” y por tema bíblico: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28). Con tal motivo queremos poner nuestra mirada en quienes están cansados y agobiados por la enfermedad y llevarles el alivio de Cristo, para conseguir hacer visible tanta soledad “invisible”.

Porque, como ha insistido el Papa Francisco, la soledad es una de las principales causas de exclusión social una auténtica fuente de sufrimiento. Por el contrario, quien siente que no está siendo abandonado, puede enfrentarse a todo tipo de dificultades y fatigas.

Desde el Hospital Nuestra Señora del Rosario, gestionado por la Congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, que lleva más de un siglo de dedicación a las personas que sufren enfermedades, animamos a todos los pacientes y a sus familiares y acompañantes a participar este 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, de esta celebración y compartir con nosotros los valores cristianos de entrega, sacrificio y desinteresada atención que encontramos detrás de cada gesto que se realiza hacia los enfermos.

Desde la Conferencia Episcopal nos alientan también a confortar y a buscar la paz con el recogimiento que produce la oración:

En esta tarde, Cristo del Calvario,

vine a rogarte por mi carne enferma;

pero, al verte, mis ojos van y vienen

de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,

cuando veo los tuyos destrozados?

¿Cómo mostrarte mis manos vacías,

cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,

cuando en la cruz alzado y solo estás?

¿Cómo explicarte que no tengo amor,

cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,

huyeron de mí todas mis dolencias.

El ímpetu del ruego que traía

se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y solo pido no pedirte nada,

estar aquí, junto a tu imagen muerta,

ir aprendiendo que el dolor es solo

la llave santa de tu santa puerta.

Amén.

jornadas soledad